Aportaciones del Coaching Profesional: ¿se pueda dar el bienestar en las organizaciones?

Mucho se ha hablado en los últimos años del coaching, pero poco acento se ha hecho en España sobre el coaching profesional basado en evidencias científicas.

Nos encontramos en los medios de prensa y en numerosas ofertas formativas, un gran abanico de acciones sanadoras, relacionadas con la música, la espiritualidad, el adelgazamiento o el bienestar personal, pero ¿En qué están basadas estas intervenciones en personas y en grupos?, ¿En manos de que profesional nos ponemos? y a su vez estos “profesionales”, ¿Cómo han llegado a serlo y qué o quienes les avala?

En el año 2001 AECOP se fundó para establecer los estándares diferenciales de un coaching basado en evidencias dentro del ámbito de las Organizaciones y de los Ejecutivos.

La asociación otorga un sello de calidad y especialización a las Universidades-y Escuelas que emiten sus diplomas bajo la supervisión de AECOP, con unos contenidos temáticos basados en:

  • Los fundamentos del comportamiento humano y sobre las relaciones interpersonales, el desarrollo personal y su complejidad.
  • Las Experiencias e investigación que sobre la gestión de personas y organizaciones se ha venido desarrollado en el seno de los estudios de management, la psicología de las organizaciones y la gestión del cambio.

También se reconocen distintos niveles de expertise profesional a los coach, que posteriormente se acreditan adecuada y objetivamente (de 50 a 2500 horas).

Al mismo tiempo, AECOP es una asociación para profesionales interesados en el ámbito del desarrollo de personas en entornos organizativos (empresarial, social, educativo y deportivo).

Desde lo anteriormente señalado podemos evidenciar que no todo el mundo es coach profesional por muchos años que se lleve en el desarrollo de personas, no todos los coach son iguales, y el coaching profesional tiene unas claras competencias y basamentos experimentales.

Es desde estos planteamientos, donde nos preguntamos si es posible el que se pueda dar el bienestar en las organizaciones, si es posible colaborar para ese bienestar y que papel juega el coaching en este objetivo.

En un principio y desde la mentalidad del deber del baby boomer criado y educado en una sociedad cristiana, el bienestar estaría muy lejos de ese mandato de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

Desde la mentalidad del querer de un millenial, donde las referencias en su desarrollo educativo y personal son la inmediatez en el refuerzo, el acceso a la información y la falta de importancia que tiene la presencia física no virtual (teletrabajo), entre otras, el concepto de bienestar adquiere un tono más perentorio, el nivel de exigencia del mismo es mucho mayor.

Esto nos lleva a pensar en los muchos sistemas que conviven dentro de nuestra sociedad y las distintas perspectivas desde las cuales el concepto de bienestar se observa.

Por otro lado, cuando hablamos de bienestar, los anglosajones utilizan dos palabras; well-being y wellness, ¿hablamos de satisfacción, comodidad, logro, etc.?, ¿o entran otros pensamientos y emociones en juego como responsabilidad, lucha, plenitud, etc.?

Desde la mitad del siglo pasado la sociedad entró en la lucha por mantener los logros sociales para los ciudadanos, creándose lo que se llamó la sociedad del bienestar, a la que nosotros preferimos llamar la sociedad de la satisfacción que genera el cubrir una serie de necesidades.

Pero, desde el ejemplo de la tenacidad y lucha constante de Rafael Nadal en estos dos últimos años de sequia (2015-17), o cualquier persona que con 50 años que se queda en el desempleo, ¿se puede estar en un estado de plenitud que pudiéramos considerarlo dentro del bienestar psicológico?, ¿o necesariamente la aceptación de los momentos duros e insatisfactorios nos saca fuera del concepto bienestar psicológico?.

Entendemos que el bienestar no es un estado finalista, más bien es el proceso psicofisiológico en el que nos encontramos las personas en el aquí y ahora. Por supuesto depende mucho de los factores ambientales que las organizaciones pueden y han de propiciar, pero también de los factores de personalidad y sobre todo de los estados de ánimo de las personas.

Es aquí donde entendemos que el coaching está teniendo un papel determinante, no solo en las empresas, también en el entrenamiento de estudiantes y deportistas.

Mucho se ha avanzado en el coaching desde las aportaciones de la psicología humanista, cognitiva y sistémica, aplicada a entornos laborales, educativos y deportivos. Se han aportado técnicas que desde el coaching se pueden trabajar para que la persona afronte el bienestar desde la mejora de sus virtudes, y también desde conseguir vivir el presente, a veces insatisfactorio, encaminándose hacia direcciones que realmente tengan un significado para él.

Frente a esto, esa sociedad hiper-informada y con crecientes niveles de estrés, demanda soluciones fáciles y rápidas, que han sido eficazmente contestadas por multitud de profesionales ávidos de entrar en una función con unas bajas barreras de entrada, en la que muchas veces las soluciones en forma de ocurrencias del supuesto coach responde con aparente originalidad a una demanda muy natural y necesaria.

Se da pues la paradoja de que, habiéndose popularizado, puesto de moda, el coaching, convirtiéndose en una demanda que trasciende el ámbito profesional, es ahora cuando más riesgo existe de que sus efectos positivos se vean alterados por prácticas insuficientemente rigurosas.

El Bienestar en el trabajo, conceptualmente, se manifiesta en forma de un liderazgo inspirador, la creación de un entorno emocional que inspire un alto rendimiento, la posibilidad de aprendizaje continuo, y la existencia de relaciones enriquecedoras, condiciones que deben darse de forma equilibrada.

Con la tecnología avanzando a ritmos difíciles de ser asimilados, al igual que la aparición de modelos de negocio, mercados y competidores, el bienestar –individual y colectivo- en las organizaciones es un estado aspiracional para el que se necesita dosis elevadas de inteligencia emocional, y en muchas ocasiones, el apoyo de profesionales especializados y comprometidos desde una metodología rigurosa, y el equilibrio entre experiencia “bagaje” sería un término más oportuno-, preparación y valores.

El proceso de mejora no suele ser fácil ni rápido, en especial para el cliente que aborda un proceso de coaching (coachee). Perspectivas, hábitos, creencias, son puestos a prueba y transformados en un esfuerzo personal que, teniendo éxito, genera efectos positivos en un esquema de círculo virtuoso. La intervención tiene efectos integrales, en los planos psicológico, cognitivo, emocional, y por qué no, de manera directa o indirecta, físico y biológico.

Desde el punto de vista de la empresa que apuesta por el bienestar en su ámbito, tanto en el plano individual como en el colectivo, los resultados se obtienen en forma de un mejor clima organizacional, relaciones personales más positivas, transformación del modelo de liderazgo y mejora del desempeño de compañía;  todo ello derivado de un incremento del bienestar individual en el ámbito de lo subjetivo.

El Coaching Profesional, soportado en un modelo de certificaciones riguroso, amparado en el papel que desde Asociaciones como AECOP evita el intrusismo, es probablemente la alternativa más potente para aunar las expectativas, necesidades, y valores de las organizaciones y sus componentes. Y este alineamiento se convierte en una fuente de bienestar que revierte en el progreso

Necesidad del Coaching Profesional en los entornos educativo y deportivo.

Contemplando lo anteriormente expuesto parece obvio observar, como condición sine qua non para lograr ese deseado estado de bienestar personal y organizacional,  el dar respuestas, no solo ya en el ámbito empresarial, sino y como medida preventiva, a los grandes dilemas que se plantea la comunidad educativa y deportiva. A aquellos a quienes les corresponde la tarea de conectar a los jóvenes con la sociedad adulta.

Todo aquello que pueda ser sustituido por un robot, una aplicación o un algoritmo, está destinado a desaparecer y no hay entorno académico o deportivo que quede libre de este tipo de aseveraciones, casi apocalípticas, que no hacen otra cosa más que acrecentar el grado de incertidumbre en alumnos, deportistas, educadores y entrenadores. Como expresa Bauman (2007) en su escultural obra “Tiempos líquidos”; Incertidumbre quiere decir miedo”.

Esta incertidumbre que se está inoculando en jóvenes y enseñantes parece estar lejos de un pretendido bienestar.

Esta es la razón que nos lleva a cuestionar seriamente si estamos preparados. Si estamos desarrollando y entrenando a los mismos educadores en la cultura de la adaptación, que les permita jugar de tú a tú, no ya con los cambios tecnológicos y sociales, sino y lo que es más relevante, con la velocidad vertiginosa de los mismos. ¡Qué interesante campo de investigación se abre para el coaching educativo y deportivo; el cómo gestionar el miedo y la incertidumbre en las aulas!, así como, cómo obtenemos todo el talento emocional de las personas que están en un claro proceso de desarrollo.

Herramientas para gestionar la incertidumbre y el miedo..

La formación focalizada y orientada tan solo a los conocimientos y a tareas particulares, va e irá perdiendo importancia. Es necesario desarrollar otras habilidades de gestión y praxis, centradas en el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad.

El gran reto del coaching y de sus profesionales y por ende de su práctica en el ámbito educativo y deportivo, requiere, inapelablemente, concentrar sus esfuerzos en unirse a padres y educadores en la misión de lograr que nuestros estudiantes desarrollen su capacidad de adaptación y de que estén capacitados para continuar con su aprendizaje de una forma autónoma una vez que terminen sus ciclos académicos, bien sean de módulos profesionales o grados universitarios. En el ámbito deportivo, esto se da de forma conjunta y complementaria con su desarrollo académico, siendo una fuente donde el coaching obtiene notables resultados.

El estudio de las humanidades, la capacidad de cuestionar los fundamentos de todo, el fomento de la curiosidad, serán sin duda alguna, habilidades críticas que exigirán las empresas en un futuro ya muy cercano.

Aun aceptando el reto que esto supone, no parecen existir muchas diferencias en cuanto a valores importantes de una generación a otra. Son muchas investigaciones las que así lo avalan. Independientemente de la generación a la que se pertenezca ya se sea millenial o generación X.

Conseguir el bienestar y gestionar el miedo pasa por educar en valores y en reconocer al menos estos cuatro factores que son independientes de la generación a la que se pertenece y en muchos casos a la misma cultura de procedencia;

  • Trabajar para un proyecto o empresa de la que se pueda sentir orgulloso por su integridad y visión.
  • Ser considerado y valorado por sus competencias y tener la oportunidad de desarrollar, mejorar las mismas y aprender otras nuevas.
  • Ser tratado con respeto y honestidad tanto en el terreno de las relaciones interpersonales como en el económico.
  • Encontrar un sentido y un propósito por lo que esforzarse día a día.

Si en los centros empresariales, educativos y deportivos se trabajan estos valores, serán las organizaciones e instituciones que los defiendan aquellas que atraerán el mejor talento ya que habrá, sin duda alguna, un entronque de valores total.

Artículo publicado en Capital Humano.

Autores: Juan Carlos de la Osa, Juan José López-Jurado, Juan Antonio Esteban

 

 

 

Artículo escrito por

aecop

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